Qué es un EMS y cómo puede reducir su consumo de energía hasta en un 40%

Un Sistema de Gestión Energética (EMS, por sus siglas en inglés) existe por una sola razón: transformar los datos energéticos en facturas más bajas. Un cuadro de mando puede decirle lo que gastó un edificio el mes pasado, pero no puede cambiar lo que gastará el mes que viene. Cerrar esa brecha entre ver el consumo y actuar sobre él es el propósito para el que se diseña un buen EMS.
Para cualquier empresa que gestione múltiples centros o procesos con un alto consumo de energía, la presión llega de todas partes: precios volátiles, normativas más estrictas y objetivos de emisiones. El objetivo siempre es doble, reducir costes y disminuir el impacto, algo que resulta difícil de gestionar a partir de un informe mensual.
Qué es un sistema de gestión energética
Un EMS (Energy Management System) es una tecnología que monitoriza, analiza y optimiza el uso de la energía de una o varias instalaciones. Funciona en cinco etapas: recopila datos de los dispositivos ya instalados; los analiza con IA para detectar patrones y anomalías; genera modelos matemáticos que se recalibran a medida que llegan nuevos datos; prevé el consumo en función de la meteorología y la estacionalidad; y, por último, optimiza, traduciendo todo ello en acciones específicas para reducir costes, en lugar de ofrecer un simple gráfico de lo que ya ha sucedido.
Cómo funciona el EMS de Smarkia
El EMS de Smarkia predice variables como la temperatura interior y exterior, la tarifa eléctrica, la inercia térmica del edificio y la ocupación, y las utiliza para elaborar el plan de consumo óptimo para las próximas horas. Mientras que muchas herramientas se limitan a dar una recomendación, la nuestra puede actuar directamente sobre los equipos para ejecutar el plan, interactuando con los contadores y sistemas ya existentes, sin necesidad de sustituir el hardware.
Parte de esta capacidad proviene de una transferencia tecnológica de Repsol, inversor estratégico de Smarkia desde 2022, que ya había sido probada a gran escala antes de integrarse en la plataforma. Hoy en día funciona en comercios minoristas, edificios corporativos, industrias e incluso estadios deportivos, con especial solidez en refrigeración (cadenas de frío), climatización (HVAC), energía solar, baterías y recarga de vehículos eléctricos.
Un EMS en una estación de servicio
Una estación de servicio es un buen ejemplo de la cantidad de variables que maneja un EMS. Una de las más importantes es la refrigeración de alimentos y bebidas. El sistema tiene en cuenta las horas de apertura, la afluencia de clientes según la hora del día y la previsión del precio de la electricidad, y gestiona la carga de refrigeración en consecuencia. Si el precio alcanza su nivel máximo entre las 14:00 y las 15:00 horas, puede enfriar previamente las unidades, consumiendo energía cuando es más barata, y confiar en la inercia térmica para mantener la temperatura adecuada durante la hora punta, sin poner en riesgo el producto.
Confort en la oficina y flexibilidad para el usuario
Si alguna vez ha cambiado el termostato de la oficina y no ha pasado nada, es muy probable que un EMS esté gestionando ese circuito. La variable clave es la flexibilidad del usuario: el rango de temperatura dentro del cual permite trabajar al sistema. Un intervalo de 20 a 24 °C (68 a 75 °F), en lugar de un único valor fijo, ofrece al EMS margen para optimizar el consumo sin que ello afecte al confort.
Los resultados que ofrece un EMS
En las implantaciones de Smarkia hemos medido reducciones de hasta un 40% en refrigeración (cadenas de frío) y de hasta un 20% en climatización (HVAC), sin impacto en el confort. Más allá de ese ahorro directo, un EMS bien gestionado reduce el tiempo dedicado a la gestión manual, ofrece un control más riguroso de los procesos mediante informes personalizables, facilita el cumplimiento de normas como la ISO 50001 y disminuye la huella de carbono como resultado directo de un menor consumo.
Para una empresa que gestiona varios centros o procesos de gran consumo energético, esa es la diferencia entre reaccionar a la factura y anticiparse a ella.
