Auditoría energética o sistema de gestión: cómo cumplir con el RD 56/2016

Auditoría energética o sistema de gestión: cómo cumplir con el RD 56/2016

Desde la entrada en vigor del Real Decreto 56/2016, las empresas que cumplen determinados requisitos de tamaño o consumo están obligadas a realizar una auditoría energética cada cuatro años. Conviene tener claras las dos vías posibles para cumplir con esta obligación: la auditoría energética puntual o un sistema de gestión energética certificado, y las diferencias entre ambas.

¿Qué es una auditoría energética? Es un análisis sistemático de los consumos energéticos de un edificio, una industria o un proceso, que determina cuándo, dónde y cómo se consume la energía, con el fin de identificar oportunidades de ahorro. Según el RD 56/2016, basta con realizarla cada cuatro años, lo que la convierte en una opción práctica para quien únicamente quiera cumplir con la norma sin ir más allá.

¿Cómo se hace una auditoría energética? El proceso suele incluir varios pasos: una reunión inicial para conocer la situación de partida, la definición de los objetivos y el alcance de la auditoría, el análisis de la facturación de los últimos 12 o 24 meses, la comparación entre instalaciones o con otras empresas del sector, el estudio de los patrones de consumo a lo largo del tiempo y, finalmente, la identificación de oportunidades de ahorro y mejora.

Ventajas e inconvenientes de la auditoría energética. Suele llevar varios meses de trabajo y ofrece una fotografía puntual del consumo de la empresa, sin posibilidad real de hacer seguimiento de la evolución de las medidas propuestas. A cambio, para quien solo busca cumplir con la obligación legal por falta de recursos o de interés, tiene la ventaja de no tener que ocuparse de ello más que cada cuatro años.

Sistemas de gestión energética, la alternativa a la auditoría. Con un sistema de gestión energética se evalúa la estrategia y los protocolos que sigue la organización para mejorar su eficiencia de forma continua. Si ese sistema cuenta con la certificación ISO 50001, no es necesario realizar la auditoría periódica, porque la propia entidad se encarga de monitorizar y controlar sus consumos de manera constante, lo que permite una optimización energética real y sostenida en el tiempo.

Un sistema de gestión bien implantado reparte el coste a lo largo de esos cuatro años, convirtiéndolo en una inversión en lugar de un gasto puntual, y permite una mejora continua especialmente útil para empresas con varias sedes o que ya cuentan con procesos de gestión energética instalados. Monitorizar de forma continua los consumos y los factores que influyen en ellos permite detectar desviaciones respecto a una línea base en cualquier momento y lugar, y analizar esas desviaciones desglosadas por centro de trabajo, línea de producción o equipo.

Con una plataforma como Smarkia no hacen falta auditorías periódicas para cumplir con el RD 56/2016: se aprovecha la obligación normativa para gestionar de verdad el consumo energético y conseguir ahorros reales. La monitorización constante y la mejora continua son la gran ventaja de este enfoque, mientras que el software de gestión energética exige un compromiso continuado por parte de la organización para que dé sus frutos.

Un apunte importante de cara a los próximos años: la nueva Directiva Europea de Eficiencia Energética (UE 2023/1791) va a cambiar el criterio de obligatoriedad, centrándolo en el consumo energético anual en lugar de en el tamaño de la empresa. Según la transposición prevista, las organizaciones con un consumo energético anual superior a 10 terajulios (unos 2,78 GWh/año) deberán realizar su primera auditoría energética antes del 11 de octubre de 2026, y repetirla al menos cada cuatro años; las que superen los 85 terajulios estarán obligadas a implantar directamente un sistema de gestión de la energía. Conviene seguir de cerca esta actualización normativa, porque puede cambiar qué empresas quedan obligadas y bajo qué modalidad.