7 formas de reducir el consumo energético de tu empresa

Poner en marcha un plan de ahorro energético en una empresa empieza casi siempre por lo mismo: que la dirección lo respalde de verdad y que motive a los equipos a implicarse. Sin ese apoyo, cualquier medida se queda a medias. Y conviene dar feedback constante sobre los resultados, porque medir y mostrar la mejora es lo que mantiene el compromiso del equipo con el tiempo.
Dicho esto, la mejor herramienta para lograr un ahorro energético real es un software de gestión energética que permita ver los consumos, detectar las pérdidas que penalizan la factura y comprobar los ahorros conseguidos tras aplicar cada medida. En muchos países, además, existen obligaciones normativas que exigen a determinadas empresas realizar auditorías energéticas o implantar un sistema de gestión certificado, lo que añade un motivo más para tomarse en serio el control de los consumos. Y ya que hay que cumplir con esa obligación, tiene sentido sacarle el máximo partido.
La buena noticia es que ahorrar energía en una empresa no siempre exige grandes inversiones. Plataformas como Smarkia no requieren instalar hardware específico ni comprar licencias, así que apenas hace falta dedicar recursos económicos ni tiempo a su puesta en marcha. Cuanto antes se empiece, antes se nota en la factura.
Empieza a ahorrar desde hoy: monitoriza tus consumos. Una de las primeras cosas que se pueden hacer al monitorizar el consumo energético es ajustar la potencia contratada a lo que realmente necesita la empresa. Solo con ese ajuste ya se consigue un ahorro relevante, sin apenas esfuerzo.
Elige una tarifa energética adecuada. Muy relacionado con lo anterior, escoger la tarifa que mejor encaje con los horarios y hábitos de trabajo de la empresa puede reducir bastante la factura. Merece la pena comparar entre distintas compañías eléctricas para encontrar la opción más ventajosa.
Usa el diagrama de Sankey como aliado. Herramientas como el diagrama de Sankey permiten detectar pérdidas energéticas y consumos ocultos o anómalos que, de otra forma, pasarían desapercibidos. Localizarlos es el primer paso para eliminarlos.
Acompaña las medidas con buenas prácticas. Todas las ideas anteriores funcionan mejor si van acompañadas de hábitos responsables por parte de las personas de la organización. Un buen software de gestión energética es clave, pero el mejor ahorro se consigue cuando todo el equipo se implica.
Moderniza tus instalaciones. Renovar los sistemas de iluminación y climatización, junto con los elementos que los gestionan, suele traer mejoras notables en eficiencia. Requiere una inversión inicial, pero con el tiempo se traduce en una reducción real de costes.
Vigila la energía reactiva. Compensar la energía reactiva evita penalizaciones en la factura eléctrica que muchas empresas ni siquiera saben que están pagando.
Estudia tus consumos a fondo. Analizar las instalaciones actuales y buscar alternativas más eficientes, como sustituir calderas antiguas por sistemas más modernos, permite optimizar cada elemento y lograr un ahorro adicional.
Ninguna de estas medidas por separado cambia gran cosa. Pero el control y la monitorización constante de los consumos, junto con las mejoras que se vayan implantando, evitan actuar a ciegas y permiten priorizar los puntos que más lo necesitan. Además de en la factura, esto se traduce en menos emisiones y un menor impacto ambiental de la actividad de la empresa. Al final, un buen sistema de gestión energética es el punto de partida para conseguir ahorros que benefician tanto a la cuenta de resultados como al entorno.
