Medición de energía: guía paso a paso para monitorizar los consumos de tu empresa

Medir la energía que consume una instalación (dónde, cuándo y cómo se usa) es el primer paso para poder actuar sobre ella. Sin esos datos es imposible saber qué medidas de ahorro tienen sentido, ni si están funcionando.
Cómo hacer una buena medición de energía. Para tener una medición de calidad, con seguimiento real de los consumos, hacen falta dos piezas: el hardware, es decir, los dispositivos que recogen los datos de consumo, y el software, que almacena e interpreta esa información. El ejemplo de hardware que todos conocemos es el contador fiscal, que mide el consumo total de una instalación. El problema es que ese dato agregado sirve de poco si no se puede desglosar por proceso o por punto de consumo. Por eso, monitorizar de verdad implica colocar medidores en los procesos que más importan, adaptando el nivel de detalle al tipo de empresa y buscando siempre un equilibrio entre la inversión en medición y el ahorro potencial que se puede conseguir.
Una vez los medidores están en marcha y recogiendo datos, ya sea de consumo energético o de cualquier otra variable relevante, como número de personas, unidades producidas u horas de funcionamiento, toca conectarlos a una plataforma de monitorización donde esa información se muestre de forma clara y fácil de analizar.
Qué parámetros hay que vigilar. Los datos que interesa seguir varían mucho según el tipo de organización, porque cada proceso tiene sus propias circunstancias energéticas. Por eso conviene que la plataforma se pueda adaptar a lo que cada empresa necesita medir. En Smarkia, por ejemplo, el dashboard se puede personalizar por completo: gráficos de consumos, costes o cualquier variable relevante, comparativas con periodos anteriores, y la posibilidad de ajustar la información según lo que se necesite ver en cada momento. Y no todo son consumos, un buen sistema de gestión energética debe poder medir cualquier variable que aporte contexto, no solo kWh.
Además de la información dentro de la plataforma, es útil contar con informes personalizados que se puedan compartir dentro de la organización, para implicar en el proceso de ahorro a más gente que la que trabaja directamente con los datos.
Automatizar para ganar tiempo, y ahorro. La vigilancia constante de los consumos se queda coja si no va acompañada de automatización: informes periódicos programados, alarmas que avisen de un fallo técnico o de una desviación en el consumo. Aquí entra en juego el cálculo de líneas base, que mediante modelos matemáticos estima cuál debería ser el consumo esperado según la actividad de cada momento. Comparar el consumo real con esa línea base es lo que permite detectar desviaciones antes de que se conviertan en un problema, o en una sorpresa en la factura.
El software de gestión energética no debería limitarse a mostrar consumos, también tiene que dar acceso a tarifas, contratos, suministros e informes, y permitir comparar variables entre sí, por ejemplo el consumo energético en relación con el número de trabajadores, los metros cuadrados o las unidades producidas. Esto permite comparaciones útiles, tanto dentro de la propia empresa, entre dos líneas de producción por ejemplo, como frente a los consumos medios del sector.
Cómo medir si las mejoras están funcionando. La forma más fiable de saber si las medidas de ahorro implementadas están dando resultado es monitorizar los indicadores adecuados, compararlos con periodos anteriores y contrastar tanto el grado de cumplimiento de los objetivos como la reducción real de costes. Con dashboards personalizados que crucen los datos actuales con el histórico, y usando las líneas base como referencia, se puede ver con claridad cuánto se está ahorrando y si conviene actualizar esa línea base una vez las mejoras se consolidan.
En resumen, medir bien la energía es el punto de partida de cualquier estrategia seria de ahorro energético. Localizar los puntos de mejora, actuar sobre ellos y hacer seguimiento de los resultados en tiempo real es lo que permite que esas mejoras se mantengan en el tiempo, y no se queden en una acción puntual.
